Desde mi arquería

miércoles, 21 de abril de 2010

A propósito de Valero... José Francisco Bermúdez




Esta semana Venezuela permaneció en estado de conmoción, luego del asesinato cometido por el boxeador Edwin Valero a su esposa, Jennifer Viera. Posteriormente, el antaño héroe de los ensogados terminaría también fatalmente con su vida.

No han sido pocos los crímenes de género en Venezuela, sobre todos los cometidos entre marido y mujer. Durante la Independencia, la violencia hizo tanta mella en la sociedad que los maltratos a las esposas no estuvieron fuera del orden del día.

Uno de los héroes más controversiales de la historia de la Guerra de Emancipación fue José Francisco Bermúdez. El bravo cumanés fue paradigma de la altivez y la prepotencia física, que poco le ayudaron en la gestación de los combates, debido a su carácter impetuoso. Sin embargo, se ganó su puesto entre los grandes militares de Venezuela: incluso, una estatua suya se encuentra en el Monumento a los Próceres, en Caracas.

lunes, 19 de abril de 2010

19 de abril: ni tan calvo, ni con dos pelucas...





Hoy conmemoramos 200 años del 19 de abril de 1810. Resumiendo los hechos: un grupo de mantuanos, "niños bien" de Caracas, unos que pensaban instaurar una forma de gobierno (republicano) y otra defender la preexistente (reinado de Fernando VII), se unen y deponen al Capitán General de Venezuela, Vicente Emparan, impuesto por el rey José I, hermano de Napoleón Bonaparte. Al desconocer a la autoridad española se lanzaban en contra de Napoleón, a la sazón Emperador de Francia.

domingo, 18 de abril de 2010

Bolívar y el Cónsul de Holanda




La homosexualidad no era común en los tiempos de la Independencia. Es difícil pensar que, en tiempos en los que las guerras eran hechas por hombres toscos, de los que tomaban por la razón o por la fuerza a las mujeres, de llaneros y soldados, se diera alguna situación "contranatura", por así decirlo. Imaginamos que algún caso habrá existido y hecho público, pero no tenemos referencia alguna.

Bolívar, hombre de mundo, que vio y vivió mucho en Europa, alguna vez dio su parecer sobre la homosexualidad. Puede verse en el Diario de Bucaramanga una anécdota que protagonizó al no recibir a una autoridad extranjera. El motivo, el siguiente:

Mientras estábamos en el juego entró el edecán de servicio anunciando a S.E. al Cónsul de Holanda, que acababa de llegar de Cartagena y deseaba ser presentado al Presidente de la República. El Libertador dijo a su edecán que no recibiría al señor Cónsul; que le dijese siguiera a Bogotá a presentarse al Ministerio de Relaciones Exteriores, y continuó S.E. ocupándose de su juego. Aquella contestación nos extrañó a todos, pero el Libertador no tardó mucho en decir:

"Yo no quiero ver a ese sujeto. Su conducta en Cartagena y en todo el río Magdalena ha sido demasiado escandalosa para que yo lo admita en mi presencia; hasta los bogas ha querido seducir y tongarinisar: no creía yo que en Holanda hubiese hijos de Sodoma y sólo los había en Italia y Grecia".

"Que vaya para Bogotá, donde han llegado las quejas contra él". A poco rato volvió el coronel Ferguson a decir a S.E. que el Cónsul había seguido inmediatamente, sin querer aceptar nada de lo que le había ofrecido.

sábado, 17 de abril de 2010

El humor en tiempos de guerra




Todavía en los tiempos de la guerra, donde la muerte y la destrucción eran comunes como hoy lo son ir a comer un helado o visitar a la familia, se podía reír un poco.
Muchos de nuestros héroes no eran sólo guerreros que sabían tomar una espada o disparar un trabuco: tenían sentido del humor. Si bien Bolívar tenía el carácter según el día (a veces serio, otras galante o melancólico, o explosivo y burlón), Sucre era casi siempre circunspecto y Anzoátegui era conocido como el "Sempiterno regañón", otros vivían con la risa en los labios. Tal es el caso de los hermanos Montilla, en especial Tomás y Mariano.
Caraqueños e integrados a las fuerzas revolucionarias desde el movimiento del 19 de abril de 1810, Tomás llegó a General de Brigada y Mariano a General de División. Era mayor Mariano, pues nació en 1782; cinco años después vino al mundo Tomás. Los dos eran bien conocidos por sus chanzas y humoradas.
De Mariano hablaba Bolívar en el Diario de Bucaramanga: "Es una de nuestras mejores cabezas: genio, talento, luces, sagacidad, todo esto se encuentra en él (...) es lástima que sea tan chancero y que lleve esta costumbre hasta en los negocios y asuntos más serios".
Hoy nos referiremos a un episodio de Tomás, encontrado en el libro Bolívar y la Guerra a Muerte, de Rufino Blanco Fombona. Para conocer un poco al personaje, destaquemos que luchó en la Campaña Admirable, venciendo en Niquitao, Los Horcones y Taguanes, además de estar en San Mateo. Falleció en 1822, víctima de una enfermedad.
Esta carta la escribió a otro héroe con gran sentido del humor, el marabino Rafael Urdaneta. En otro episodio hablaremos sobre "El Brillante".


Cartagena, 7 de junio de 1816
Señor General Don Rafael Urdaneta
Compañero y mal amigo. ¿Habrá usted creído que estoy en crisálida? ¿O excomulgado? El excomulgado es usted, que está separado de la comunicación con nosotros, los buenos: y próximos a caer en poder de Calzada. Dios lo ayude y libre de tal suerte, porque morir a lanza fría es mala cosa.
Yo estoy, créamelo usted, amolado; pobre como Cristo, calenturiento, azorado, con un pie en la cárcel y otro en el destierro, etc. Ya sabrá usted que Caracas está en poder de "nuestro Soberano"; Bolívar y Mariño en Jamaica; Florencio (Palacios) mandando al Ejército; Mariano (Montilla, su hermano), Mera, Martínez y otros arrestados por Florencio; tres o cuatro fanegadas de venezolanos presos por esta Santa Inquisición, y otras noticias más o menos importantes.
No he tenido nuevas de mi caro y muy amado Calabozo. José Félix Ribas murió en alto puesto. El resto de su familia, a lanza; entre ellos Narciso Blanco, cuya barriga opuso fuerte resistencia a una de las mejores picas del Llano.
Mis parientes, conocidos y aquella encantadora muchacha que usted no ignora, gozan de Dios, gracias a Boves. Mi madre murió y yo estoy vivo, sin duda para algo bueno.
Adiós, y escriba y mande a este, su afectísimo duende, pues no sé qué soy. Tomás Montilla.