Libertador: la historia Vs. Hollywood

¿Que Bolívar no fue ni alto ni de atlético porte, ni peleaba en medio de las tropas, ni se parecía al William Wallace de Mel Gibson? ¿Que a Monteverde lo adelantaron en su aparición, para darle más espacio en la trama? ¿Que ni Sucre le acompañó desde tan tempranas horas de la Independencia ni Urdaneta estuvo siempre físicamente al lado del Libertador, ubicándolos en hechos y batallas en los que nunca estuvieron, como la pérdida de Puerto Cabello, el Paso de los Andes o la Batalla de Boyacá? ¿Que el cierre de la vida del genio caraqueño no fue tan controversial, ni tan oscuro?

No importa. Este Libertador, dirigido por Alberto Arvelo Torrealba y protagonizado por Edgar Ramírez, es para disfrutarlo.



Tiene alto vuelo, tan alto que la historia real, aunque sigue la línea de lo sucedido, es casi totalmente distinta. La dirección real, mas no los mismos pasos. La trama enloquecería a cualquier académico, muy Hollywood, desapegada de lo que fue la realidad plasmada en los libros. Quizá eso (además de la calidad de la realización) es lo que más atrae de este Bolívar: no es una dramatización de los hechos (como nos han acostumbrado), es volverlos a crear, en base a la imaginación del guionista (Timothy Sexton).

La adaptación de los personajes es soberbia. Cada quien le aportó la esencia del alma: un Bolívar (Edgar Ramírez) fuerte de carácter, dubitativo y desordenado al principio, contundente en su decisión en su evolución; el despótico Monteverde (Imanol Arias); un Simón Rodríguez (Francisco Denis) incisivo, muy "Pepe Grillo", conciencia inquieta del alumno-futuro héroe; Sucre (Erich Wildpret) leal, algo sensible en reacciones, pero siempre valiente; Urdaneta (Alejandro Furth) apegado a la realidad, poco soñador, con los pies sobre la tierra; Ribas (Carlos Julio Molina) impetuoso, Miranda (Manuel Porto) abrumador en pensamientos y energía (aunque físicamente golpeado, lejos del galán de otoño que representó Tovar y Tovar en sus pinturas); el leguleyo Santander (Orlando Valenzuela), tan amante de los reglamentos (siempre el villano de las tramas del Libertador); el astuto Páez (heredero de Boves, no solo en el ascendiente real sobre los realistas, sino en su intérprete, Juvel Vielma); los marciales O'Leary (Iwan Rheon) y Rooke (Gary Lewis), una Manuela Sáenz (Juana Acosta) aguerrida... Los personajes impresionaron y fueron muy fieles a los cánones históricos.

Le agregan además vida y alma a dos personajes muy cercanos a Bolívar, pero de los que se conoció poco: María Teresa, su esposa (interpretada por María Valverde), y la negra Hipólita (Zenaida Gamboa), su aya. La primera, sensual e inocente ante la realidad americana, pero siempre apareciendo como el soporte anímico del futuro Libertador; la segunda, como la "madre" afectiva y sumisa del general, ante quien este se rendía pese a su relación de amo-vieja esclava.

El mensaje que transmite del Libertador es el de la constancia frente a las dificultades, la justicia ante los oprimidos, la unidad latinoamericana, la soberanía por encima de los poderes económicos (encarnado por el ficticio personaje Martín Torkington, el actor Dany Huston). Muy adecuado a la imagen que tenemos sobre el líder desde que leímos, en primaria, sobre su vida.

Más que recomendada, este Libertador de Arvelo Torrealba es para verla una y otra vez. Pero después de hacerlo, acercarse a un libro de historia, para tener una imagen real de los hechos. No vaya a ser que terminemos creyendo más en la fabulosa trama que en la cruel realidad.

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