Desde mi arquería

domingo, 21 de diciembre de 2014

Venezuela en la Primera Guerra Mundial

Casi 40 millones de muertos, heridos y desaparecidos. Europa convertida en un desastre, con el mundo como testigo. Y un puñado de venezolanos, de distintos bandos, fue protagonista del mayor conflicto de la historia: la Primera Guerra Mundial.

El duelo entre los Aliados, vencedores –Francia, Reino Unido, Imperio Rusio, Reino de Italia, Estados Unidos, entre otros-, y las Potencias Centrales, las derrotadas –Imperio austrohúngaro, alemán, otomano y Reino de Bulgaria-, se extendió entre 1914 y 1918.

El trujillano, de gran arraigo en el Zulia, Ismael Urdaneta; el caraqueño Luis Camilo Ramírez Rivas, el merideño José de Jesús Sánchez Carrero, el sucrense José Bastardo García, el bolivarense Ángel Santos Palazzi y el varguense Mario Velásquez Machado bajo las banderas de Francia; el marabino Carlos Meyer Baldó con el Imperio Alemán y el tachirense Rafael de Nogales Méndez con el Otomano fueron los de mayor renombre. El investigador Clemente Balladares, autor de una biografía sobre Meyer Baldó, habla de hasta 24 criollos que sirvieron a Francia.

Desde las cálidas tierras del Caribe, de playa y sol; desde los fríos Andes cafeteros, hacia las humeantes ruinas de los Dardanelos, Galípoli, el Somme, Marne, Verdún, Alejandría, Serbia, Ucrania, de barro y cadáveres, hacia los cielos con aires de pólvora de Ypres y Hamburgo. En todos se derramaron sangre, sudor y lágrimas venezolanas.

El Gobierno del General Juan Vicente Gómez se mantuvo estrictamente neutral durante el conflicto bélico. Pese a la admiración que, desde los altos mandos venezolanos, se manifestó por la fuerza alemana –el orden prusiano, los bigotes del Káiser imitados por el “Benemérito”, el ‘pickelhaube’ (casco de pincho) y el paso de ganso-, primó la situación geoestratégica y comercial del país. El cacao y el café salían a todos los mercados europeos, sin distingo de su posición política, y por los puertos de Maracaibo y La Guaira llegaban productos del Viejo Continente.

Pero con el estallido de la Guerra los criollos, según sus ideales o raíces familiares, escogieron sus trincheras. Palazzi fue a defender a los suyos –era de familia corsa- en Francia, con la Legión Extranjera; Meyer Baldó a los alemanes –el país de su padre-. Los otros, por meras ansias de aventuras, con su mezcla de romanticismo, se unieron al conflicto. “Mi divisa ha sido siempre”, contaba Nogales Méndez en sus Memorias, “Cuando veas una guerra buena, alístate para combatir en ella”.

Recordaba el historiador y diplomático Caracciolo Parra Pérez en un artículo escrito para este diario una anécdota con Urdaneta: “Cierto día me dijo en un café del Barrio Latino: ‘Es difícil saber lo que piensan todos los extranjeros de la Legión, pero sí sé que los venezolanos que servimos a Francia pensamos en Miranda”.

El poeta Ismael Urdaneta, nacido en 1885 en el puerto de Moporo, en Trujillo, se alistó en la Legión Extranjera. Luchó en Turquía y el norte de África, en los Balcanes y en Europa central. Perdió el oído izquierdo en Los Dardanelos y el pie izquierdo en Verdún.

En 1915 escribía, en una reseña destacada en PANORAMA: “Hállome entre las tropas que, por desgracia, no sé, guardan la bella Argelia de Francia. Te digo, por mi desgracia, porque me hubiese considerado dichoso si me hubieran escogido para jugarme la piel en el Norte, cerca de la frontera que arde hoy como jamás la tierra ha visto semejante hoguera: el trágico fulgor pone espanto en los ánimos. En cuanto a mí, aún ignoro si iré a dejar los huesos noblemente allá abajo, ‘au front”.



Este diario reprodujo, el 19 de febrero de 1916, un poema de Urdaneta desde Galípolí. “Sobre la cumbre el ojo insatisfecho / del enemigo proyector explora / con su brillo glacial, nuestra avizora / primera línea, al borde del Estrecho (…) La bala en fuga el parapeto amaga / con enervante estrépito, o se pierde / entre la sombra en curvatura aciaga. / Y qué horror si en macábrico desaire / en un cadáver insepulto muerde, / profana a ciegas y empozoña el aire”.

Su amistad con Parra Pérez fue destacada por el historiador merideño, futuro canciller de la República: “Me sabía él maracucho a medias, más decíame que lo era por completo y a tal título extendía hasta mí la protección especial de Nuestra Señora de Chiquinquirá”, contaba el ilustre biógrafo de Francisco de Miranda y Santiago Mariño.

“Entre los venezolanos que combaten actualmente en Europa se encuentra actualmente el militar y poeta Luis Camilo Ramírez”, reseñaba este rotativo zuliano, “teniente de nuestro Ejército, que comanda en la plaza Reims la sección de ametralladoras del Batallón C del primer regimiento extranjero”. Ramírez Rivas, caraqueño nacido en 1886, luchó en el Somme, el Marne, Verdún y Marruecos con la Legión extranjera francesa. 



Descendiente del héroe merideño de la Independencia, Luis María Rivas Dávila, Ramírez Rivas llegó a teniente coronel de la aviación francesa.

La Guerra sorprendió al marabino Meyer Baldó, hijo de un alemán y una colombiana, en la tierra de su padre. Para 1914 se une al Ejército del Káiser como cabo, en 1916 pasa a la aviación y en 1917 es asignado al escuadrón de Manfred von Richthofen, conocido como el “Barón Rojo”. 



El célebre piloto fue uno de los héroes alemanes de todos los tiempos. En la Gran Guerra derribó a 80 aeroplanos enemigos, antes de morir cerca del río Somme en 1918. Meyer Baldó perteneció al famoso “Circo Volante de Richthofen”, con Lothar von Richthofen, Kurt Wolff, Karl Allmenroder y Herman Göring, futuro ministro de Adolf Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

Meyer Baldó utilizó como amuleto durante el conflicto, de acuerdo con su biógrafo Clemente Balladares, un bordado con la bandera de Venezuela, enviado por sus hermanas.

Primero fungió como piloto de reconocimiento, adelantándose a los combatientes para fotografiar las posiciones enemigas. Luego, como piloto de caza, tuvo dos victorias confirmadas y una sin confirmación, recibiendo la Cruz de Hierro en su segunda clase.

Tras el final de la era del “Circo Volante”, llegó a ser As de Caza de Alemania, logrando su quinta victoria aérea el 18 de julio de 1918. Con el escuadrón Jasta 4 obtuvo la Cruz de Hierro en su primera clase, logrando tres derribos.

El merideño Sánchez Carrero, antiguo edecán de Gómez, se unió a la Legión Extranjera francesa como teniente en 1914. Participó en el Somme y en Verdún, y fue herido en el ataque de Souain (batalla de Champagne) en 1916. En 1918 concedió una entrevista que fue reproducida por este diario, en la que apuntó las razones de su entrada en el conflicto. 



“Ofrecí mis servicios”, contaba Sánchez Carrero a los periodistas Carlos Rangel Lamus y Ramón L. Torres, “cuando la fiebre del heroísmo exasperaba el inaudito patriotismo de los movilizados franceses (…) Mi idea era batirme en el continente al lado de los descendientes de aquellos soldados que, en no lejanos tiempos, derribaron todas las testas coronadas de Europa y que ahora luchaban por contener la ola germánica”.

Premonitoriamente, el militar nacido en Guaraque en 1879, hablaba sobre el final de la conflagración: “Esta guerra no se decidirá, según la opinión de los que estamos en el frente, por medio del heroísmo sino por el desgaste matemático, preciso (…) la guerra la terminará, pues, el desgaste o la abdicación del Gobierno Imperial de Alemania”.

Pensó, por un momento, volver a Venezuela a atender a su madre enferma, pero la muerte lo alcanzó el 15 de septiembre de 1918 en Moulin de Laffaux, por una descarga de artillería.

En 1920 se le rindió un homenaje en Caracas, encabezado por el capitán Dard d’Espinay, agregado militar francés en Venezuela y también veterano de la Gran Guerra: “Acto hermoso, simpático y sencillo ha sido el que nos ocupa, pues en él han sido entregadas las legítimas pruebas del valor, la hidalguía, el arrojo, la intrepidez que poseía el capitán Sánchez Carrero, quien gloriosamente cerró sus ojos, bajo el límpido cielo de la Francia inmortal”, reseñó PANORAMA.

Rafael Inchauspe Méndez, mejor conocido como Rafael de Nogales Méndez, nació en San Cristóbal en 1879. En 1914, luego de haber combatido en la Guerra Hispano-Americana en Cuba, la Revolución Libertadora de Venezuela y en la Guerra Ruso-Japonesa, y de salir exiliado de Venezuela por conflictos con el general Gómez, intentó alistarse al ejército francés, que le rechazó (solo le permitía el ingreso en la Legión extranjera). Los alemanes le aceptaron y lo remitieron a sus aliados, los turcos. 



Allí comenzaría la leyenda del “Bey” Nogales. Estuvo presente en el Sitio de Van, de la campaña del Cáucaso, contra insurgentes armenios; la defensa del desfiladero de Kotur Dagh, la quema de Bash-Kale y la Batalla de Gaza. Fue testigo de la matanza indiscriminada de armenios, genocidio no reconocido por Turquía en la actualidad, que afectaría entre 600 mil y un millón de miembros del pueblo oriental.

“Nuestra lucha feroz y aquel fuego sin tregua de la artillería pesada habían convertido las dos terceras partes de la ciudad de Van en un amasijo de ruinas y despojos llameantes y humeantes, que parecía eruptar lavas de odio, como un volcán en actividad”, narra Nogales en sus Memorias. “Me acordaba de un antiguo adagio: ¡No existe la misericordia al este del Helesponto!”.

El andino recibió la Cruz de Hierro en su primera clase, el sable de Mejishovon y la estrella de Mechedieh; la primera, insignia alemana; las últimas, otomanas.

Los aliados y el Imperio Alemán firmaron el armisticio de Compiegne el 11 de noviembre de 1918. El final de la Primera Guerra Mundial llegó y la mayoría de los venezolanos retornó a su patria. Otros, como Palazzi -se lo llevó un ataque de artillería en el Somme, en 1916- y Sánchez Carrero, no tuvieron mejor suerte.

En 1921, Urdaneta publicó en PANORAMA La vida en la Legión, una serie de crónicas sobre su paso por el aguerrido cuerpo francés. Se suicidaría en 1928, producto de una depresión surgida tras el conflicto bélico.

Ramírez Rivas fue asesinado en Marruecos en 1935. Nogales Méndez murió en Panamá en 1936 y Meyer Baldó lo hizo en Maracay en 1933, en un accidente de aviación. Velásquez Machado falleció en 1959.

El esfuerzo heroico de los venezolanos, de poco reconocimiento en el país, hoy vuelve a la vida a 100 años de la Gran Guerra.

2 comentarios:

  1. Para mi fue sorprendente encontrar esta información de nuestra historia medianamente reciente. deberian de ser renombrados y dar a conocer por medio de micros ya que no deja de ser interesante.Pensaba yo que solo el Generalísimo Francisco de Miranda habia conquistado tales azañas...

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  2. Otro hecho que me llamo poderosamente la atención lo constituyen los vehículos blindados que hubo durante el gobierno de Gómez llamados los tortugones,los cuales tenian un deseño muy apropiado para todas las épocas, ya que su forma cilindrica sirviera hoy para que las molotob resvalaran por gravedad siendo imposible incendiar dicho vehículo. busquenlo y observenlo bien...

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