Desde mi arquería

domingo, 24 de julio de 2016

Batalla Naval del Lago de Maracaibo: luces y sombras

Conquistada Caracas tras la victoria de Simón Bolívar y las fuerzas independientes en Carabobo (1821), el occidente de Venezuela se mantenía a la expectativa. Aún en manos de los realistas, con Francisco Tomás Morales al mando, Maracaibo pronto sería liberada.

Para junio de 1823 los patriotas cercaban a la capital del Lago por cuatro puntos: desde Coro (este) con el teniente coronel Reyes González; desde Gibraltar (sur) con Manuel Manrique; desde Sinamaica (noroeste) con Francisco Esteban Gómez y por la barra del Lago (norte) con las fuerzas navales del almirante José Prudencio Padilla.

El 24 de julio de 1823, luego de haber forzado la Barra del Lago haciéndose con el Castillo de San Carlos, las fuerzas navales del almirante neogranadino Padilla se enfrentaron con las del español Ángel Laborde, llegadas desde Curazao. En tierra, las operaciones del general Manrique desgastaron al ejército terrestre del realista Morales.

Serían, de acuerdo con el historiador zuliano Juan Besson, 96 piezas de la escuadrilla y fuerza sutil colombiana con 2.200 combatientes, contra 67 de la escuadrilla y fuerza sutil española, con 1.645 tropas y oficialidad.

Narra Edgar Esteves González en su libro Batallas de Venezuela: “El 24 de julio a las 2:20 de la tarde se dio la señal de darse a la vela y minutos más tarde se dio la señal de formar en línea de batalla para atacar de frente. A las 3:15 pm el almirante Padilla ordenó izar la señal de abordaje en el palo mayor del barco insignia, ordenando dejarla izada. A pesar de haber sido contestada afirmativamente por los otros buques, lo que en lenguaje marino significa ‘no hay más ordenes que dar’. Con esto los comandantes de busques quedan autorizados para mandar en jefe sus respectivas naves, tomar la iniciativa y disponer lo que juzguen conveniente durante el combate.

Almirante José Prudencio Padilla


La batalla comienza de inmediato, pues cuando Laborde observa en la nave capitana de los republicanos la tremenda orden, manda a sus naves romper el fuego de cañón. La escuadra de Padilla sigue sobre la realista sin separarse las naves entre sí y sin disparar ni un tiro, hasta que están muy cerca de los enemigos, cuando los cañones rompen los fuegos. Atacan desde el noreste acompañados por un viento propicio que infla los velámenes, ayuda en sus movimientos y arroja sobre los españoles las bocanadas de humo de los cañones republicanos, así como el agua proveniente de los piques de los buques al desarrollar buena velocidad. La acometida republicana es eficaz y decisiva, ayudados por el humo y el agua que reciben los realistas los buques se aproximan lo suficiente para disparar los fusiles y luego abordar, por lo que la lucha se generaliza en toda la línea de batalla. El bergantín realista San Carlos se incendia al ser abordado, capturan al bergantín Esperanza, se rinde el tercer bergantín General Riego, se abordan tres goletas más y las fuerzas sutiles españolas quedan unas vencidas y otras en franca retirada, hasta que se amotina la tripulación de la goleta Especuladora, nave insignia de Laborde, que insurreccionándose ponen proa a tierra y saltan a ella los marineros evadiéndose por entre los matorrales, incluyendo al propio Laborde que abandona la nave al quedar varada.

La batalla naval termina a las 6:45 de la tarde; sobre la superficie del Lago quedan flotando los cadáveres, mástiles, velas y jarcias todas rotas y destrozadas. El Almirante Padilla ordena recoger las presas, socorrer a los heridos y trasladar todo a los Puertos de Altagracia, tratando de salvar las naves varadas en la costa y reparar las que se pudieran, operación que se hizo en los Puertos”.

Las pérdidas de las fuerzas patriotas fueron de “ocho oficiales y 36 individuos de tripulación y tropa muertos y 14 de los primeros y 105 de los segundos heridos, y un oficial contuso; al paso que al enemigo le ha costado la derrota, de más de 800 entre unos y otros, habiendo quedado además en nuestro poder 69 entre soldados y marinos, 8 de aquellos y 10 de estos heridos”, según el Diario de operaciones de la escuadra republicana.

Rafael María Baralt, en su Historia de Venezuela de 1841, describió: “Nunca más ciego valor, más ira, más esfuerzos fueron desplegados por realistas y patriotas que en aquella batalla memorable que colocó la gloria de la marina de Colombia al par de la de su brillante ejército (…) Dueño del lago, lo era de Maracaibo. Morales, sin salida, debía rendirse. Sus mejores soldados habían perecido y no existía un punto sobre el cual pudiera dirigirse con fuerzas suficientes para superar las primeras resistencias”. 
Jefe de la Escuadra española, Ángel Laborde


“En realidad”, apunta Besson en su monumental Historia del Zulia (1945), “la batalla naval de Maracaibo sellaba la independencia de la Gran Colombia. Si Padilla y Manrique hubieran sido vencidos, los realistas, fuertes en todo el lago, hubieran podido seguir la guerra, sosteniéndose con salidas al mar, por el Castillo de San Carlos, y con el apoyo de las guerrillas que aún merodeaban por los alrededores. Hubiera cobrado aliento el realismo y ya se sabe que en la guerra cualquier azar cambia la faz de los acontecimientos”.

El 3 de agosto de 1823 Morales firma la capitulación ante el gobierno grancolombino, bajo las figuras del almirante Padilla y el general Manrique. Curiosamente Cristóbal Colón pisó la actual tierra venezolana, en Macuro, el 2 de agosto de 1498.

“La Batalla Naval del Lago de Maracaibo rubrica y sella nuestra independencia, la consolida y da un golpe mortal al poder naval español en la Gran Colombia: privados del dominio marítimo no podrán ejercer en adelante ninguna acción eficaz contra las nacientes repúblicas”, señala Esteves González.

No obstante, pese a la firma de la rendición española, todavía se dieron actos de crueldad entre ibéricos y venezolanos. Cuenta Besson: “Ya aprobado el convenio, Nicolás Morales, español que vivía por El Empedrado, reunió varios compañeros y penetró en la casa de los patriotas donde estaba gravemente herido el patriota Cenobio Urribarrí, lo sacaron a la fuerza, lo llevaron a la Cañada Nueva y allí lo asesinaron. Padilla se enfureció al saberlo y quiso romper la capitulación, pero Manrique se opuso para evitar más derramamiento de sangre. Pero los patriotas no pudieron contenerse y degollaron a 40 oficiales españoles”.

La gloria del triunfo la disputaron Padilla y Manrique posteriormente. Ni el de Río Hacha ni el de San Carlos de Austria (actual Cojedes) cedieron en mostrar sus dotes de estratega ni en minimizar la actuación del contrario.

Besson muestra dos de las cartas: reproducimos aquí algunos extractos. 

General Manuel Manrique
 

Manrique a la Comandancia General e Intendencia del Zulia:

“Aquel jefe (Padilla) había concebido la idea de hacer exclusivo su derecho a los buques, se extravía inconsiderablemente y pasa del punto de presas al de glorias para apropiarse efectos que reconocieran causas muy diversas, es decir, para atribuir única y exclusivamente a sus esfuerzos la libertad de esta plaza”.

“Seguramente aquel jefe no conocía su localidad ni tampoco previó que el enemigo podría dejar al descubierto el canal como lo estaba sin un solo buque de guerra que lo defendiera; esta fue la fortuna y de otra suerte no se habría conseguido la operación sin empezar los mayores sacrificios”.

Durante el asalto a Maracaibo, el 16 de junio, “mientras los cuerpos se batían, mientras se llenaban los portales de muertos y heridos, mientras después del combate se ocupaban de guardar y cubrir los puntos, la marina se engreía en conducir a bordo el botín de la plaza”.

“¿Habrá quién crea que sin el asalto de la plaza la marina habría tomado los buques, la maestranza de herrería y carpintería, el tren de jarcias y demás enseres de mar, de que tanto carecía, ni se habría hecho de mil ventajas que consiguió sin el menor riesgo, o hubiera adelantado algo más al cañoneo que había entre ella y las baterías de tierra? Ciertamente que no”.

“La División llenó tan completamente de gloria su deber el día 24, que a ella sola se debe el buen resultado de los abordajes y comparada la pérdida se descubrirá que fue insignificante la que tuvo la Marina (…) Mas ahora que la campaña es terminada, la infantería es inútil a bordo de la Escuadra, es perjudicial, y aún es herida en el honor, que es lo más precioso de un militar”.

“¿Quién le persuadió a que debía atacar la línea enemiga que se hallaba fondeada el 24 en punto de ventajosa localidad para operaciones de la escuadra, y le desconcertó el plan que tenían a que se diese a la vela? ¿Quién le instó y aún suplicó porque a marcha seguida ocupase el Socuy que había quedado evacuado para abrir el contacto con el ejército del Magdalena e impedir la comunicación que el enemigo tenía con el castillo? ¿Y se acuerda el señor general Padilla que se negó a la operación porque decía estaba estropeada su gente marinera y que si se hubiera ejecutado mi proyecto no se hubiera escapado como se escapó en una canoa el General Laborde con varios oficiales de marina?”.

General Francisco Tomás Morales


Padilla al Intendente del Departamento de Venezuela y director de la Guerra del Norte Manrique:

“La libertad de Maracaibo se debe única y exclusivamente a las operaciones de la Escuadra, desde que venciendo insuperables obstáculos se hizo dueña de la laguna y desde que batió a los enemigos en varias ocasiones hasta acabar con sus fuerzas marítimas en el glorioso combate del 24 próximo pasado, y que puso al ejército español en la dura necesidad de capitular”.

“Todo el mundo se ha admirado de nuestra resolución, nuestro arrojo, nuestro indecible esfuerzo y nuestra infatigable constancia para superar tantos peligros y arrostrar tantos trabajos como es público”.

“Todo el mundo se ha admirado de nuestra resolución, nuestro arrojo, nuestro indecible esfuerzo y nuestra infatigable constancia para superar tantos peligros y arrostrar tantos trabajos como es público”.

“Desengáñese V.S. (Vuestra Señoría) y convenga en que la tropa de infantería del ejército es poco útil a bordo”.

“Estas clases de tropas no son propias para abordo; y las de V.E. no puede decirse en rigor que tuvieron parte en la memorable acción del 24, que pues sin ellas hubiera sido igual el resultado, cuando no quiere decirse más ventajoso; aunque el día 16 de junio próximo pasado ocuparon la plaza la compañía de Marina y la de Tiradores entonces a mis órdenes, junto con parte de las tropas de la División de su mando, batiéndose todas con un valor y denuedo ejemplar, pero ¿qué parte tuvo en esta la Escuadra de mi mando? Nada dice V.S. referente a los servicios importantísimos que hizo ese día memorable. ¿Quién condujo a V.S. al puerto?

¿Quién demolió y desmontó la artillería del castillo, y quién instó a un caso preciso a V.S. al desembarco? ¿Fue V.S. nadando o en los botes, lanchas y flecheras, protegido por el fuego de éstas? ¿No fue la Escuadra el origen y la causa de todo?”.

“Querer que la División del mando de V.S. tenga una parte igual a la marina es un delirio; ella era bien limitada y ella no podía imponerse de modo alguno al General Morales”.

“Lo único que puede V.S. decir es que ha contribuido a que se nos proporcionasen algunos víveres, pero que en contraposición diré a V.S. que las presas hechas por mi Escuadra, mis acertadas disposiciones y mi constancia han consolado a V.S. no pocas veces, proporcionándole como subsistir en sus mayores apuros”.

Cartagena se rindió por la Marina y a la Marina se debe la ocupación y rendición de Maracaibo y sin Marina no sucumbiría Puerto Cabello, de cuya verdad es V.S. buen testigo, como lo es también de todo lo demás que he estampado en este oficio en contestación al de V.S. fecha de ayer, si se desnuda de los celos que lo cercan y mira nuestros hechos bajo su verdadero punto de vista”.



Manrique moriría de un ataque de apoplejía el 30 de noviembre de 1823 en Maracaibo. Tenía 28 años.

Padilla sería ejecutado el 2 de octubre de 1828, luego de acusársele de formar parte de la insurrección contra el Libertador-Presidente Simón Bolívar en Bogotá. Contaba con 44 años.

Actualmente, en Maracaibo se honra a Padilla como el héroe de la Batalla Naval. Una de las avenidas principales de la capital zuliana lleva su nombre, y tiene un busto en el Parque La Marina, ubicada en una de las zonas costeras donde se desarrolló la batalla. Luego se inauguró un conjunto de estatuas en su honor. Manrique está enterrado en la Catedral de Maracaibo, al pie del Prebisterio: una parroquia en Tía Juana, municipio Simón Bolívar, tiene su nombre, además de contar con una plaza en la parroquia Olegario Villalobos.

1 comentario:

  1. Solo repudio el degollamiento de los 40 oficiales Españoles que seguramente estaban rendidos.

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