Su alteza, el cacique Gregor: un aventurero escocés en la Independencia suramericana

Con la batalla trabada por el ataque de los jinetes realistas, el general resolvió romper la carga. El gigante celta tomó la bandera del batallón Barlovento, la tricolor con el nombre de la tierra de sus soldados, y se lanzó al frente. Todo ímpetu, el demonio venido del norte dio el ejemplo: colina abajo se desataría el infierno para los españoles.

Ése era Gregor Mac Gregor. No pensaba: actuaba. Muchas veces le generó problemas entre sus superiores o sus compañeros, pero la tropa le adoraba. “Brillante en un día de batalla, fiel y enérgico, era en cuanto a soldado uno de los más valerosos de aquellos tiempos, fecundos en ánimos fuertes y elevados”, describió Rafael María Baralt al héroe de Alacranes y El Juncal, en su Historia de Venezuela.

Nacido en Edimburgo, Escocia, el 24 de diciembre de 1786, era hijo de una de las principales familias de la nación del Reino Unido. El Clan Mac Gregor llegó a reinar entre los años 878 y 890, los llamados tiempos del Rey Gregory. Su padre fue el capitán Daniel Mac Gregor y su madre Ann Austin, hija del doctor Adam Austin, reputado médico de la capital escocesa.

Llegó a Venezuela en ánimo de aventuras, en 1811. La Gaceta de Caracas informaba: “Ha llegado a esta capital en calidad de viajero procedente de Glasgow en Escocia con escala en Trinidad, Sir Gregor Mac Gregor, que inmediatamente pasó a presentarse y a ofrecer sus respetos a Su Alteza el Supremo Poder Ejecutivo”.

La capital venezolana era un hervidero. El 19 de abril de 1810 se había depuesto al encargado del poder español en el país, Vicente de Emparan, y el 5 de julio de 1811 se proclamó la independencia. Con Francisco de Miranda como la figura descollante, buen amigo de Inglaterra, la presencia del escocés Mac Gregor se sentía con peso.

Un contemporáneo, citado por su biógrafo Tulio Arends, decía sobre el joven Mac Gregor: “Sir Gregor, a su considerable talento y tal vez más entusiasmo, reúne más bien superior habilidad literaria y entre su equipo de campaña no ha olvidado incluir una biblioteca de los más selectos y valiosos libros”.



Para la organización militar de la primera república, el escocés fue escogido por el generalísimo Miranda como jefe de la caballería. El francés Ducayla comandaba la infantería, el español Cortés Campomanes la artillería. La confianza en el personal europeo era plena.

Pero la caída del fuerte de Puerto Cabello, que se encontraba en manos del joven coronel Simón Bolívar, aceleró la pérdida de la República. Miranda firma en 1812 la capitulación ante Domingo de Monteverde, enviado real, y comienza la diáspora patriota. Mac Gregor saldría, como Bolívar, José Félix Ribas y otros líderes independentistas, a prestar sus servicios a la Nueva Granada.

Cartagena, Villa del Socorro, Santa Fe, Pamplona y Cúcuta vieron al bravo escocés luchar. Entre 1812 y 1815, dejó su huella en territorio neogranadino. La llegada de Pablo Morillo, “El Pacificador”, a las costas cartageneras obligó a su exilio. Se reencontraría con Bolívar en Haití, desde donde volvió a Venezuela en la expedición de Los Cayos, en 1816.

Luego del desembarco en Ocumare de la Costa, en el que Bolívar es puesto en fuga por una patrulla realista, Mac Gregor asume el mando de la expedición, unos 600 efectivos. Comenzaría la llamada Retirada de los 600, que Eduardo Blanco en su Venezuela Heroica denomina la Invasión de los 600.

En una campaña relámpago desde el centro hasta el este del país, Mac Gregor, acompañado por Carlos Soublette, derrotó a los realistas en Onoto, Quebrada Honda, Los Alacranes y El Juncal. Llegó a perder el mando por desconfianza de su oficialidad, pero lo recuperó dos días después. ¿Qué ocasionó las diferencias?

Habla Baralt: “Mac Gregor era un hombre valeroso hasta la temeridad, entonces joven, pendenciero, de índole irascible y obstinada: una enfermedad cruel e incómoda que a la sazón alteraba su salud, daba por desgracia a su porte aquel desabrimiento natural, pero insufrible, que los sanos hacen mal en no perdonar a los enfermos”. El historiador Gerhard Masur señala que la enfermedad era el alcoholismo crónico: "Solo se evidenciaban en él dos debilidades, una sed insaciable y una terrible aversión hacia el agua", escribió el alemán.  



El irlandés Daniel Florencio O’Leary, contemporáneo de Mac Gregor, escribió en sus Memorias Sueltas sobre la impresión que causó el escocés entre los venezolanos durante el conflicto:

“Los más antiguos habitantes del lugar, que se habían criado en los ‘tiempos bucólicos’ de paz y habían pasado su juventud y parte de su vejez en una tranquilidad imperturbable, consideraban a Mac Gregor como un hombre loco, atribuyendo su valor, virtud que él poseía en grado poco común, a un indecoroso conocimiento de la magia negra. Otros, menos supersticiosos, adscribían su temeridad a la masonería. Su sombrero ‘a la Henri Quatre’ y su apuesto y varonil porte lo hacían favorito del bello sexo”.

Las dos últimas batallas de la campaña lo tuvieron como héroe principal. Narra Blanco en Venezuela Heroica: “Mac Gregor, todo ímpetu, los excita al combate con su genial intrepidez, con su carácter aventurero y romanesco. El noble celta, combatiendo en América por la independencia de Venezuela, se figura estar en sus montañas, al frente de los briosos clanes, lidiando como Bruce y Wallace, por la libertad de su país. Él es el brazo del ejército; Soublette es el cerebro. El uno aventura, el otro cuida y dirige los golpes cuando los cree certeros. Las simpatías y el respeto de las tropas las poseen por igual, la confianza es Soublette quien la inspira”.

Manuel Piar, viejo conocido del general europeo, asumió el liderazgo del grupo el 25 de septiembre en Barcelona. Dos días después se entabló la batalla de El Juncal, una de las más importantes de cara a la conquista de Guayana, bastión realista que decidiría el desenlace de la Guerra de Independencia.

Cara a cara estarían con el antiguo lugarteniente de José Tomás Boves, Francisco Tomás Morales. “El 26 de septiembre al amanecer se enfrentan ambos ejércitos en el campo de El Juncal”, describe el historiador Edgar Esteves González en su libro Batallas de Venezuela, “y después de una ardorosa y difícil batalla en la que se distinguen Mac Gregor, Soublette, Monagas y Anzoátegui, vencen a Morales y a José Alejo Mirabal, quienes huyen escondiéndose en las montañas de San Bernardino”.

Sobre Piar, acota Esteves González: “La actuación de Piar en esta batalla es cuestionada seriamente por algunos historiadores; aparentemente Piar se había retirado del combate por diferencias con Mac Gregor en la conducción del mismo, y regresó al campo de batalla al conocer la victoria, la cual se adjudicó. Establecer la verdad de lo que sucedió es difícil, pero conociendo la fuerte personalidad de Piar es de imaginar que algún serio percance hubo entre los dos, lo cierto es que el General Mac Gregor se retiró de Venezuela después de este suceso”. 



Nuevas aventuras, una más polémica que la otra, encabezaría Mac Gregor tras su primer paso por Venezuela. En 1817, apoyado por próceres civiles como Pedro Gual, invade la isla Amelia en Norteamérica, proclamando la libertad de las Floridas y organizando la República de Las Floridas.

La península aún se encontraba bajo el poder de los españoles, pero en negociación para formar parte de los Estados Unidos. La afluencia de corsarios y piratas deterioró, según explica Arends en su biografía del escocés, la situación de la isla, obligando a su evacuación apenas 64 días después de su arribo.

Dos años después, luego de reclutar 500 soldados y marinos en Londres, pone en sitio a Portobelo (Panamá) con seis buques. Derrotó a las fuerzas españolas, pero tras 20 días en el poder es desalojado en un contraataque, huyendo con 12 efectivos. Pasó a Río Hacha (actual Colombia) posteriormente, donde se llamó a sí mismo Inca de Nueva Granada, retirándose luego de enfrentarse a españoles e indígenas.

Para 1820 emprendería su aventura más alucinante, por la que es más conocido en Europa. En Nicaragua negoció un lote de terrenos con el rey de los indios Mosquitos, George Frederick. Algunas versiones indican que cambió las tierras por dos botellas de whisky. Esta vez no sería Inca de Nueva Granada, sino Cacique de Poyais su título: con él iría a Gran Bretaña para organizar una expedición con el fin de colonizar las tierras.



Mac Gregor reunió hombres, dinero y elementos materiales para crear su república, que incluía dinero propio – firmado por orden de su alteza Gregor, Cacique de Poyais- y una constitución. Escoceses, irlandeses, ingleses y franceses se entusiasmaron con el proyecto, apoyados en los títulos de propiedad de “una tierra lejana y desconocida (…) obteniendo un crédito de 200 mil libras esterlinas”, narra Arends.

Llegaron hasta a realizar grabados con paisajes y construcciones en el territorio de Poyais, todos inexistentes. De día, los barcos salían con rumbo a Poyais; de noche, con banquetes, el escocés mantenía vivo el interés dándole publicidad a su proyecto.

Pero pronto comenzaron a hundirse los argumentos. No existían construcciones. El capitán del barco no quiso desembarcar buena parte del equipaje por falta de pagos. Una tormenta obligó a que se desviaran otros barcos. Y todo eso solo con la primera avanzada: con la segunda la decepción cambió por indignación. Cuenta Arends que “siete de los recién llegados enarbolaron una bandera negra y se autodeclararon ladrones profesionales. Esto produjo violencia en algunos, mientras otros caían en una profunda depresión que los mantenía ausentes de toda actividad”.

El rey de los indios Mosquitos declaró nulo todo lo firmado con Mac Gregor, y las denuncias fueron a parar al Gobierno inglés. ¡Era una estafa!

Mac Gregor fue puesto preso en París, pero liberado al poco tiempo. Luego entraría en litigio con la República de Colombia por las tierras, que finalmente cayeron en manos de las nacientes repúblicas centroamericanas.

El general escocés terminaría de vuelta en Venezuela en 1839, huyendo de los demandantes y acreedores. Introdujo en Caracas el cultivo de la seda. Fallecería en 1845.

“Dotado de un carácter firme (…) sufrió todas las duras alternativas de aquellos borrascosos tiempos. Siempre fuerte y sereno en la campaña y siempre valeroso en los combates, debía más tarde figurar al lado de los sobresalientes guerreros de la independencia”, publicó la Gaceta de Venezuela en su edición del 14 de diciembre de 1845. El bravo escocés descansaría en paz, luego de una vida de aventuras y controversias.

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